El mundo se quedó en silencio. Los árboles, sobre nuestros cuerpos, crecían muy despacio. Había un espesor inmóvil entre la luz y la sombra.
Sentíamos bajo nuestra piel el movimiento de la tierra y tus manos eran suaves en las mías.
Yo te sentía vivir pero no podía distinguir mi vida de la tuya.
Fue una confusión muy hermosa.
Sin embargo, todo era verdad bajo los árboles. Yo comprendía todas las cosas como se comprende un fruto en la boca, una luz en los ojos.
Hace muchos años, ¿Recuerdas?
"Cancionero de la indiferencia" Antonio Gamoneda.
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