Llueve. Hoy la mañana parece una tarde brillante.
¿Cuánto tiempo vamos a cargar éste saco de piedras? Estamos cansadas.
Salir flotando por la ventana. Salvar el balcón y elevarme a la tormenta. Hidratar mi piel recorriendo el aire los montes y las sierras. Dejo, allá lejos, la linea del mar que besa las nubes negras.
Quiero volar, me arranco las grapas, lañas de hierro que unen fragmentos, sin oxígeno, sin espacio entre ellos, sin nada.
¿Quieres silencio? Yo te doy distancia, el silencio del corazón.
Subo en picado la Maroma hasta sus cumbres frescas de nieves a rozar en vuelo los blancos lienzos, proyectando eras al paso de mis dedos, de mis huellas, surcando. Fluyo, en fin, congelando la carne hasta sentir la presión de la muerte, espero a cumplirla entera y yacer allí en la tumba de frío, un túmulo de hielo, una era nueva glaciar, no sentir nada,
ni el frío,
ni el silencio.