En algún lugar, conmigo,
que de lo más profundo,
de la raíz más honda,
debe venir este ansia de cumplirme.
Te regalo un dien-
te,
blanco,
cultivado de mis hijos,
para que lo cuelgues
de tu cuello chico,
que te muerda el alma un poquito
y por si, al paso, te giras,
y me poso en tu retina,
corro con mi coche
y me aparezco en tus sueños esta noche. Blanco.
Ponme una cadena de oro.
