Ya amanece en la calle.
Su silencio se rinde.
Aún se sienten cantes tristes,
pasos tuertos.
En mi manto me protejo.
Me cumplo.
Me cuido.
Me alejo.
Después de la lluvia,
el frío,
la nada,
helada,
vacío el nido.
Una estampa que, desde muy lejos,
viaja.
Desde muy lejos.
Km0.
Comienzo la andada.
Fotografía Peter Kertis
Mío,
Que tus pies nunca pasen frío.
Que en tus dedos dos anillos,
uno de amor,
otro de amada.
Que tu calor derrita esta helada,
escarcha que llena tu vacío.
Mío,
En tus ojos todo el brillo,
dos golondrinas adornando el membrillo,
una el sabor,
otra la miraba,
esta la amó, la amó y la amaba
y colgó ramitas del nido.
Me despierto. Sumerge el sol un guiño sobre mi cuerpo.
Se acelera el corazón al saberte cierto.
Te dibujan, ciega, las yemas de mis dedos.
Te siento.
Quiero,
en las mañanas claras,
peinarte el pelo.
Trenzarlo luego.
Ponerle un lazo de oro
adornando el cuello.
Quiero,
rodar bordada en ese olor a caramelo.
Como una capa me envuelve.
Me hierves.
Me muerdes.
Tus ojos...
Dos golondrinas vuelan sobre mi cuerpo, se posan, se danzan.
Se apaga la luz, sigues creyendo,
porque te canto al oído
susurros y rezos.